Occidente bajo la sombra del recuerdo de Sadam

JUAN TURANZA

 

En los últimos días, pocos temas han ocupado más espacio televisivo ni más líneas en diarios que las acciones perpetradas por el denominado Estado Islámico. Con su feudo en territorios iraquíes y sirios, este grupo extremista ha establecido su dominio en zonas fronterizas entre ambas naciones.

Con una fuerte estructura militar y económica cada vez más fuerte, parece aún lejano el día en que las potencias occidentales lleguen al punto de poner fin al califato del terror.

Hace justo hoy 24 años, occidente entraba de lleno en el ámbito iraquí con el inicio de inicio de una de las operaciones de mayor repercusión mediática del S.XX: Operación Tormenta del Desierto. guerra-del-golfo

La llegada al poder del ayatolá Jomeini en la vecina Irán en diciembre de 1979, amenazaba con desestabilizar una zona en la que Estados Unidos había conseguido establecer fuertes lazos diplomáticos. Por ello, pronto Washington insta al presidente iraquí Sadam Husein a actuar en contra del régimen implantado en Irán. Para ello, el gobierno estadounidense arma a Sadam con armamento convencional, químico y bacteriológico.

Aun con el apoyo americano, no hay país capaz de soportar nueve años de conflicto armado sin que sus arcas se vean gravemente mermadas. A causa del declive económico, Sadam recurre a acreedores fueras de sus fronteras encontrando en Kuwait su mayor prestamista.

Al concluir la guerra en 1989, el gobierno iraquí debía a su acreedor 17 mil millones de dólares, una cifra inalcanzable para las debilitadas arcas de Sadam. En junio de 1990, el mandatario iraquí exige ante los miembros de la OPEP una renegociación de sus créditos con Kuwait, pero esa petición fue desestimada. Ante la incapacidad de hace frene a la deuda y al aislamiento internacional del que era víctima, el gobierno de Bagdag entra en Kuwait en 2 de agosto y ocupa el país.

Sadam no entendió la amenaza que suponía para Occidente su control del 20% de las reservas de petróleo del mundo si hubiera logrado quedarse con los yacimientos kuwaitíes.

Hace hoy 24 años, las fuerzas militares estadounidenses compuestas por 8000 mil hombres entran en escena y en un tiempo récord consiguen liberar Kuwait. Doce año más tarde, bajo sospechas del almacenamiento por parte de Sadam de las denominadas Armas de Destrucción Masiva, EEUU vuelve a interrumpir en el país. En esta ocasión, el régimen autoritario de Sadam es derrocado y el dictador acaba sentenciado a muerte por el Alto Tribunal Penal iraquí siendo ejecutado en vísperas de la Nochevieja de 2006. sadam

Tras su muerte, se produce un vacío de poder en el que facciones islamistas de corte radical comienzan a organizarse y a controlar pequeños territorios a lo largo del país. En la actualidad, mantienen el poder en ciudades como Ramadi, Tikrit o Faluja a tan solo 69 kilómetros de Bagdag.

La caída de la tiranía de Sadam, ha traído consigo el terror y genocidio del islamismo más radical. Bush hijo, derrocó al dictador que su padre no pudo o no quiso capturar haciendo gala de la célebre frase “es peor el remedio que la enfermedad”. La incapacidad de occidente para dotar a las naciones que ocupa de una estructura democrática estable deja estos territorios a merced del más fuerte. Pasó en Iraq y sigue pasando en Afganistán. Centrados en la estrategia militar que no concluye en un gobierno estable que garantice la prosperidad de estas regiones cuyos niveles de pobreza y violencia se encuentran en los niveles más altos del ranking mundial.

Sin embargo, EEUU si tenía razón en un asunto, en Irak se escondían armas de destrucción masiva solo que no se trataba de armamento químico ni bacteriológico. Estas armas que compungían occidente tienen forma de machete y kalashnikov bajo la bandera negra del yihadismo más radical.

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