Irán y Arabia Saudí, un conflicto bañado de oro negro

JUAN TURANZA

Solo pasaban 2 días del inicio del actual año cuando daba comienzo lo que podría ser uno de los mayores conflictos en el mundo árabe desde hace décadas.

Retrato del clérigo ejecutado Nimr al Nimr
Retrato del clérigo ejecutado Nimr al Nimr

  Arabia Saudí, llevó a cabo la ejecución del clérigo chií Nimr al Nimr, condenado en octubre de 2014 acusado de “sedición” y “desobediencia a las leyes”.  Al Nimr fue la cara visible de las revueltas iniciadas en 2011 en la provincia de Al Qatif donde la minoría chií se convierte en mayoría y donde, según denuncian, se encuentra perseguida y atacada. Tras este hecho, la embajada saudí en Teherán fue asaltada por un grupo de manifestantes lo que derivó en el bombardeo de la embajada iraní en Yemen por parte del gobierno de Riad.

El islam se ha dividido a lo largo de la historia en varias ramas repartiendo sus seguidores en dos vertientes principales: chií o suní. En el mundo árabe la rama suní es muy superior a la chií tanto en número de seguidores como en países que profesan esa confesión de manera oficial. Irán se presenta como la única potencia de mayoría chií frente al resto de naciones como por ejemplo Arabia Saudí.  El gobierno de España mediante su ficha sobre el país saudí publicada por la Oficina de Información Diplomática en junio de 2015 califica la estructura política del país de “una monarquía absoluta basada en las reglas que gobiernan una sociedad islámica en su interpretación más estricta. Declara que solamente el Corán es su Constitución, carece de Parlamento y los partidos políticos y sindicatos están prohibidos”. Para concretar, podemos afirmar que el país saudí posee el wahabismo como su religión oficial, siendo esta rama de corte suní y que apuesta por la interpretación literal de los textos sagrados y la condena de aquellos que no comparten esta ideología. El wahabismo es considerado por todos los expertos en teología política como el germen de los movimientos salafistas yihadistas.

Pero abordar el conflicto iraní-saudí solamente desde el prisma ideológico sería tan inacertado como incorrecto.  El conflicto toma una dimensión mucho mayor toda vez que nos enfrentamos ante dos de los mayores exportadores de petróleo del mundo.

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Caída del precio del crudo en las últimas semanas

Tras la firma del tratado entre Teherán y las naciones pertenecientes a la Organización Internacional de Energía Atómica (OIEA) el pasado año mediante el cual Irán se comprometía a seguir las normas internacionales en relación a la creación de uranio enriquecido, las sanciones hacia el país persa se han ido levantando. Esto se traduce, en que las cuentas en el extranjero de país iraní han sido descongeladas y sus niveles de exportación se van a multiplicar. O lo que es lo mismo, el petróleo iraní va invadir el mercado internacional.

Por este motivo el mercado de crudo se está viendo saturado y los precios del petróleo están cayendo a niveles de 2003. La Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) establece una caída de 6$ en los últimos diez días hasta alcanzar los 24,7$ el barril y esta tendencia parece prolongarse. Evidentemente, una fatídica noticia para aquellos países cuya economía depende en gran medida de los ingresos derivados del comercio de crudo.

El petróleo supone el 90% de las exportaciones de Arabia Saudí y representa casi el 80% de los ingresos del país. Sumado a la recesión económica que vive el país, las arcas de Riad se tambalean. Según la agencia International Monetary Fund, su endeudamiento externo ha aumentado de un 3,6% de su PIB en 2012 al 6,7% en 2015 esperando que en el actual curso se dispare al 17,3%. En los últimos tres años, su Producto Interior Bruto ha sufrido un descenso del 13,2%, lo cual puede agravarse con la crisis del petróleo.

Sin datos aportados en 2015, los indicadores económicos presentados por el Ministerio de Economía y Estadística de Arabia Saudí, cifra en 1,4% la caída de crecimiento del sector privado aumentando al 2,4% en el sector público.

La casualidad, o no, hace que la tensión entre ambas naciones haya aumentado justo en este momento en el que la competencia comercial entre los dos países es voraz. Es lógico, que si el país persa se ve inestabilizado por un conflicto, su capacidad de exportación de crudo descenderá poderosamente, algo que favorecerá a sus competidores en este mercado como el régimen saudí. Desde luego, los apoyos al país wahabita no son escasos ni de vaga importancia. Entre los principales clientes del país saudí se encuentra EEUU el cual, según datos del Ministerio del Interior Español, deja en Riad 53.083 millones de dólares americanos y lo provee por un valor de 22.767 millones.

Más allá de los conflictos con tintes verdes, color propio del  Islam, la guerra fría iraní-saudí se tiñe del oro negro del que tanto depende occidente.

Más información: IMF OPEP وزارة الاقتصاد غير البيئية والتخطيط Ministerio Interior

Imágenes: Portada Nimr al Nirm Estadística

 

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