Cinco años de almas perdidas

JUAN TURANZA

Se han cumplido cinco años desde que Siria se viera sumida en una de las guerras más cruentas del siglo XXI. Cinco años en los que las sirenas de las universidades de Damasco dejaron paso a los avisos de bombardeos, los aviones que surcaban su cielo pasaron de transportar pasajeros a portar misiles y en los que una generación ha ido creciendo a base de hambre y sufrimiento.

A 116 kilómetros al sur de la capital siria emerge la ciudad de Deraa. En febrero de 2011 miles de sus ciudadanos tomaron sus calles como protesta ante la retirada de subsidios al campo por parte del régimen del presidente Bashar al-Ásad. Con estas medidas, el presidente del partido Baaz pretendía dar respuesta a las presiones internacionales que demandaban un política económica liberal al gobierno de Damasco. La retirada de estos subsidios unido a una sequía prolongada que azotaba a la región desde hacía seis años, hicieron que los manifestantes pusieran al presidente al-Ásad como receptor de todas sus protestas.

La represión ante estas manifestaciones no tardó en llegar aunque de una manera más implacable de que se podía esperar. Pronto el ejército comenzó a tomar las calles repeliendo a los manifestantes mediante fuego real, la primera trinchera siria separaba pancartas y megáfonos de balas y uniformes.

Este hecho despertó el malestar y la solidaridad del pueblo sirio con sus compatriotas de Deraa por lo que las manifestaciones no tardaron en expandirse por todo el territorio hasta llegar a Damasco.

Facciones de todo tipo comenzaron a levantarse en contra del partido Baaz, aunque no todas ellas con la misma finalidad. Siria comenzó a verse poblada por grupos como los Comités Populares de Defensa Nacional, lo cuales se organizaban para mantener el orden en sus barrios de origen; el grupo Shabahia, compuesto por contrabandistas y considerada fuerza paramilitar próxima al régimen o el Ejército Libre Sirio compuesto por desertores del ejército regular que comienzan a movilizarse contra sus anteriores mandos.

Por otra parte, grupos terroristas empiezan a ganar adeptos y a movilizarse ya que ven en el inicio de la guerra civil la oportunidad de instaurar un régimen bajo la sharía (ley islámica). Entre ellos el archiconocido Estado Islámico, el Frente Islámico o Jabat al Nursa. A ellos hay que sumarles la terrible colaboración del Batallón Farouk, conocidos internacionalmente desde que uno de sus militantes, Abu Sakar, aparecía en un vídeo comiéndose el corazón de un enemigo abatido.

Tras cinco años estos actores, unidos a los internacionales (EE.UU, Rusia, Francia…) han ido construyendo una Siria devastada y bajo en cuyos escombros siguen buscando la parte de verdad y poder que desean sacar de ella. Escombros de edificios que la única riqueza que esconden son las miles de almas que sepultan bajo ellos y cuya única facción era la vida.

Imagen: Portada

Vídeo: Channel 4 News

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