¿Qué fue de la Primavera Árabe? II

Mi tortura será tu confesión

JUAN TURANZA / El Cairo

 

Viajo más al sur para comprobar hasta qué punto la economía egipcia está mermada y cuál es el precio que la población comienza a pagar por las denominadas revueltas árabes. Para ello consigo la compañía del qué será mi fíxer desde la frontera sudanesa hasta la ciudad turística de Lúxor, antigua ciudad de Tebas.

Viajar por carretera hasta el sur del país no es algo que hacer sin cautela, por eso, me introduzco en un convoy compuesto por varios autobuses entre los que se despliegan vehículos de seguridad nacional con personal fuertemente armado. Tras cinco horas de viajes la visión del desierto es desoladora. Los checkpoínts (puntos de control policial) se suceden y los militares que lo custodian no pierden detalle de cada pasajero ni de cada vehículo parapetados tras robustas placas de acero sin soltar por un momento su fusil de asalto.

Hombre armado vigila una de las principales carreteras del país. / Juan Turanza
Hombre armado vigila una de las principales carreteras del país. / Juan Turanza

No serán las únicas personas armadas que me encuentre en mi camino a lo largo del territorio egipcio. Al norte de Lúxor, en pleno corazón del desierto del sur un hombre sentado en la cuneta de una carretera secundaria llama mi atención. Junto con su atuendo típico de la región asoma una escopeta de gran calibre sin que porte ningún tipo de identificación a cualquier grupo armado oficial ya sea militar o policial. En países donde la autoridad nacional se ha visto quebrada o cuestionada es común que grupos de autodefensas locales tomen el control de las carreteras y territorios de donde son origen.

De vuelta a Lúxor la estampa de la crisis económica se hace aún más palpable. Las orillas del rio Nilo se muestran como cementerios de lo que antaño fueran cruceros turísticos y que hoy solo alojan abandono y el desgaste propio por el paso de los años y la falta de mantenimiento.

La falta de medios y oportunidades unidos a la inestabilidad en países con los que comparte frontera, como Libia, hace que los índices de delincuencia organizada se hayan disparado en los últimos años. Sin bien la actividad turística se encuentra en una situación de seguridad equiparable a cualquier ciudad europea, prácticas como el narcotráfico han vivido un auge considerable en los últimos años tal y como ya señalaba el jefe de la Dirección General de la Lucha contra la Droga en Egipto, el general Muntasir Abu Zid.

Pero no solo los crímenes cometidos por narcotraficantes proliferan en el país. Amnistía Internacional (AI) denuncia desde hace años la práctica constante de desapariciones forzosas llevadas a cabo por el propio Estado. Decenas de personas, en muchos caso menores de edad, que se pierden en el sistema y de los que nada se sabe en días, meses si es que alguna vez se vuelve a saber de ellos. El informe de AI “Egypt: ‘Ofcially you do not exist: Disappeared and tortured in the name of counter-terrorism”, recoge casos de personas devueltas a la libertad tras permanecer incomunicadas y sometidas a constantes torturas por parte de fuerzas de seguridad egipcias para obtener una confesión forzada.

La presencia de determinados grupos armados oficiales pone recelosos a los habitantes que se cruzan en su camino. Algo que aprenderé muy bien de vuelta al origen de todo: la plaza Tahrir en el corazón de El Cairo.

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