¿Qué fue de la Primavera Árabe? III. Egipto

Las lápidas de la Revolución

JUAN TURANZA / El Cairo

Plaza de Tahrir, en pleno corazón de El Cairo. Es aquí donde miles de voces se alzaron en contra de la tiranía y de la corrupción que el gobierno de Hosni Mubarak mantenía en el país desde hacía treinta años. Un lugar donde las consignas pacíficas y las ansias de modernización fueron contestadas a base de sangre y fuego. Ahora el sonido de los claxon ocultan lo que una vez fueron el rugir de miles de gargantas egipcias que luchaban por su libertad.

El antiguo Kia Carnival que me lleva se introduce rápidamente en el caos más absoluto del tráfico cariota. Mi chófer, un hombre de avanzada edad y modales amables, no tarda en bautizarme como “Habibi”, término árabe utilizado de manera generalizada y afectiva.

Sin techo deambula por las calles de El Cairo. / J. Turanza
Sin techo deambula por las calles de El Cairo. / J. Turanza

 Le pido permiso para realizar fotografías desde la ventana del propio vehículo a lo cual no pone ningún impedimento, pero pronto su actitud cambia y su tono se vuelve más serio y cortante. “Habibi, a ellos no, con ellos podemos tener serios problemas”. Se refiere a  los conocidos como Sa’ka forces o Al-Sa’iqa, las fuerzas especiales egipcias, y tiene razones para recelar de ellos. Los miembros de la Unidad De Combate 777 son conocidos por su efectividad y dureza a la hora de llevar a cabo su función.

Desde las revueltas de 2011 el control militar es una constante en la sociedad egipcia. Bajo el eslogan de la seguridad, las libertades personales quedan al amparo de un sistema que no duda en eliminar cualquier amenaza a su estabilidad. Consigo entrevistarme vía email con Ana Martínez, miembro de la ONG Amnistía Internacional (AI). Sus declaraciones confirman lo que ya sospechaba: “La desaparición forzada se ha convertido en un instrumento clave de la política del Estado en Egipto. Cualquier persona que se atreva a alzar la voz corre peligro y la lucha antiterrorista se utiliza como excusa para secuestrar, interrogar y torturar a las personas que cuestionan a las autoridades.”

El fotoperiodista Mahmoud Abou Zeid, conocido como Shawkan es una de esas personas que sufren en primera mano la impunidad de la que gozan las autoridades egipcias para eliminar cualquier rastro de sus violentos métodos. Durante la sentada de Rabaa al Adaweya en 2013, Shawkan fue arrestado por fotografiar los métodos de dispersión violentos usados, en aquella ocasión, por las fuerzas del orden. Tras más de tres años de encarcelamiento, su juicio se ha pospuesto de nuevo para el próximo 1 de noviembre pudiendo ser condenado a muerte si su sentencia es de culpabilidad. La libertad de prensa, al igual que el resto de libertades, se ha visto comprometida y eliminada de la sociedad egipcia.  “Las autoridades están restringiendo arbitrariamente el derecho a la libertad de expresión, asociación y reunión pacífica. Es  crítica la carencia de garantías de juicios justos, lo que a menudo lleva a los tribunales a imponer condenas a muerte y largas penas de prisión en juicios colectivos manifiestamente injustos”, declara Martínez. Desde AI se hace un seguimiento constante al caso de Shawkan aunque éste es sólo un nombre más en una larga lista de detenidos y desaparecidos.

En la actualidad, Túnez es la única nación que ha conseguido instalar un gobierno más o menos estable desde las revueltas de 2011. Otros lugares protagonistas de las portadas de hace cinco años no han tenido tanta suerte. Libia se hunde en una constante y casi olvidada guerra civil. La misma suerte corre Yemen, donde la pobreza extrema y lo índices de mortalidad infantil a causa del hambre ocupan los puestos más altos a nivel mundial. Y qué decir de Siria donde oriente y occidente se reparten los restos del trono de Bashar al Assad mientras la población es exterminada cada día bajo una bandera negra con el eslogan del profeta Muhammad.

Me marcho de Egipto con el sabor de que dejo atrás muchas historias que contar, muchos rostros que fotografiar y muchas injusticias sociales que parecen quedar en un segundo término para los locales centrados más en la falta de turistas cámara de fotos al pecho. La falta de dinero en sus bolsillos o quizás el miedo a entonar una palabra ajena al discurso oficial hace que los egipcios se conviertan en sumisos que han olvidado que durante unas horas fueron libres. Que fueron el referente mundial de lucha contra la tiranía, contra el yugo de aquellos que quisieron silenciar con tanques el derecho a decidir. Dejo un país, donde las flores de la revolución se marchitan en las lápidas donde yacen aquellos que un día lucharon por su libertad.

 Imagen Portada: J. Turanza

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