Y el diablo fue coronado

JUAN TURANZA

Rondaban las ocho menos cuarto (hora española) cuando las predicciones de todo el mundo saltaban por los aires. El magnate y showman, Donald Trump, se convierte en el presidente número 45 de los Estados Unidos de América.

Con un margen muy estrecho, el multimillonario se ha impuesto a la candidata demócrata, Hillary Clinton, en unas votaciones en las que se ha impuesto el ropturismo con toda la política anterior llevada a cabo con la administración Obama. Inmediatamente las bolsas bursátiles de todo el mundo se han hecho eco con un desplome siendo la economía asiática la que más lo ha sufrido.

El discurso xenófobo y racista de Trump ha calado en la sociedad norteamericana incluso en feudos tradicionalmente demócratas como Pennsilvania. Políticas como la expulsión de 11 millones de extranjeros, el levantamiento de un muro en la frontera mexicana o la implantación total de la pena de muerte, amén del aislamiento internacional de la nación en una involución casi suicida, van camino del Despacho Oval. Queda por ver ahora si va a ser capaz de implantar todas las promesas que ha hecho durante su dura campaña electoral.

Los ideales de la América profunda han ganado a la concordia, al diálogo, incluso, quién sabe, al sentido común. Viejas promesas como el crecimiento nacional a cualquier precio, la exaltación de los valores nacionales y la supremacía de la raza han triunfado en el siglo XXI, viejas promesas que ya triunfaron en el siglo pasado y cuyo recuerdo llenan de vergüenza los libros de historia de la humanidad.

Imagen: Trump

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