Ciudades Santuario

JUAN TURANZA

“Acabaremos con las ‘ciudades santuario’. Las que se opongan a colaborar con las autoridades federales no recibirán más dinero de los impuestos”, así de contunde se mostraba el, por aquél entonces, candidato a la Casa Blanca, Donald Trump durante su campaña electoral hace apenas unas semanas.

Este miércoles ya ha dado un primer paso para privar de financiación federal a estas ciudades conocidas bajo este apelativo pero, ¿qué son realmente las ciudades santuario?

Las denominadas ciudades santuario se establecen a lo largo de todo el territorio norteamericano desde la costa este hasta la oeste en un total de trece estados. Se trata de ciudades que no comulgan con la ley de deportación de inmigrantes ilegales aprobadas por el gobierno central. De esta manera y, aún sin implantar ninguna ley escrita explícita, sus gobernantes y autoridades competentes en estas ciudades establecen una política permisiva respecto a la llegada y permanencia de personas no nacidas en los Estados Unidos.

 Las ciudades santuarios son: San Diego, Los Ángeles, San Francisco, Miami, Chicago, Seattle, Houston, Phoenix, Austin, Dallas, Washington D.C, Detroit, Salt Lake City, Minneapolis, Baltimore, Portland, Denver, New York City y todo el estado de New Jersey.

Básicamente, la “ley” implantada en este aspecto responde en la práctica a que nadie en su contacto con las autoridades locales es preguntado por su estatus migratorio. Sin embargo, esta norma queda anulada en el caso en el que un detenido tenga antecedentes criminales, en tal tesitura, la policía si contacta con los funcionarios de inmigración para introducir al sospechoso en los trámites legales de expulsión.

El ya presidente Trump no vaciló ni un momento durante su campaña electoral en poner sobre la población hispana su punto de mira. Cifró en 3 millones el número de personas que serían deportadas de Estados Unidos si él era elegido presidente. El Instituto de Políticas Migratorias cifra en 820.000 el número indocumentados con antecedentes penales, pero esta cifra incluye a aquellos cuyo único delito es el propio hecho de haber cruzado la frontera. No obstante, la expulsión de 3 millones de personas de territorio norteamericano no es un escenario difícil de imaginar. Datos del Departamento de Inmigración de Estados Unidos cifran en 2 millones 858 mil 980 las personas deportadas en la administración pasada, haciendo de Barack Obama el presidente norteamericano que más personas ha deportado durante su mandato.

Sin embargo, lo que preocupa a la mayoría de sectores que emergen contra el actual presidente no es el número estimado, ese “tres millones” del que nadie ha sabido explicar el origen de tal cifra, si no la rapidez en la que prometemhacerlo efectivo. La administración Obama realizó 2,8 millones de deportaciones durante ocho años de mandato, por lo que superar esa cifra en apenas unos meses pondrá en tela de juicio la minuciosidad con la que se llevará a cabo. Más aún sin contar con el apoyo de las administraciones locales.

El alcalde de New York ha sido rotundo en twitter “Vamos a defender a toda nuestra gente sin importar de dónde vengan o su estatus de documentación.”. De la misma manera se ha pronunciado el alcalde de Chicago, Rahm Emanuel, al declarar tras las amenazadoras palabras de Trump que: “vamos a continuar siendo una ciudad santuario. No hay extraños entre nosotros. Le damos la bienvenida a la gente”.

Curiosamente, si comparamos las ciudades denominadas “santuario” con los índices de criminalidad norteamericanos solo una aparece en ellos. De las diez ciudades con mayor índice de criminalidad: East. St. Luis (IL), Monroe (LA), Alexandria (LA), Camden (NJ), Wilmington (DE), St. Louis (MO), Bessemer (AL), Detroit (MI), Birmingham (AL) y Menphis (TN), solo encontramos Detroit colocada en el séptimo puesto del ranking. Hace no muchos años encabezaba la lista de las ciudades más peligrosas de EE.UU por lo que el descenso en sus índices de criminalidad es notable.

Es palpable que el número de inmigrantes acogidos por una ciudad no va en paralelo a los índices de criminalidad como nos quiere hacer pensar la, recién estrenada, administración Trump. Parece, en todo caso, una cruzada personal que, sumada a su implacable decisión de levantar un muro con México está llevando a la región a una tensión casi equiparable a la tradicionalmente mantenida con Cuba, haciendo de latinoamérica la nueva Habana del odio Oval.

 Imágenes: Portada, BdS.

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