La agonía del verdugo etarra

JUAN TURANZA

“ETA vuelve a asesinar”. Hace ahora siete años que los telediarios de todo el mundo no abren sus informativos con este fatídico titular. La última vez fue en marzo de 2010 cuando los terroristas asesinaron al policía Jean-Serge Nèrin en la localidad francesa de Dammarie-lés-Lys.  Hay que remontarse a junio de 2009 para situar el último de sus atentados en territorio español. Ocurrió en Mallorca, dónde dos guardias civiles fallecieron tras detonarse una bomba lapa adosada a un automóvil.

El 20 de octubre de 2011, ETA anunciaba el cese de la “lucha armada” y su disposición de abordar otros caminos basados en el diálogo dentro del marco democrático. Cinco décadas después de su nacimiento y con 829 muertos a sus espaldas, según datos del Ministerio del Interior, la banda terrorista deponía sus armas. La pasada semana hacía público un comunicado reflejando la voluntad de entregar la localización completa de todo el arsenal para llevar a efectos su intención de finalizar con la actividad armamentística.

Ateniéndonos al establecimiento de una declaración de paz unilateral, la población española parece que ha de estar agradecida a la banda terrorista por no asesinar más. Agradecida porque más madres de ediles no entierren a sus hijos tras ser ejecutados, agradecida por no dejar más viudas de periodistas cuyos coches han volado por los aires y agradecida por no contar más huérfanos de miembros de las fuerzas de seguridad que recibieron un cobarde tiro por la espalda.

Carta de ETA a un empresario "solicitando el impuesto revolucionario".
Carta de ETA a un empresario “solicitando el impuesto revolucionario”.

 Evidentemente aquí no hay nada que agradecer. Lo que estamos viviendo no es la generosidad de un terrorista arrepentido si no la exhalación de una organización más muerta que viva. Dos son los grandes problemas internos de ETA que está llevando a la completa disolución de la banda.

Por una parte, debe asumir la detención de sus mayores altos cargos en los últimos años. El 22 de septiembre de 2015 caen David Pla Martín e Iratxe Sorzabal en Francia, ambos presuntos jefes de la banda terroristas y protagonistas del video anteriormente publicado junto con Izaskun Lesaka, también cabecilla de la organización y detenida en 2012. A estos arrestos le siguió el del histórico dirigente Josu Ternera en octubre de 2015 y de Mikel Irastorza, en ese momento máximo líder la banda, un año después.

Con este panorama, ETA ha de afrontar que tiene a sus pesos pesados dentro de las cárceles (se estima que la población reclusa de la banda terrorista ronda los 440) y que fuera no queda nadie con suficiente bagaje para continuar con sus operaciones. El descabezamiento de la organización ya es un hecho. Dentro de los regímenes penitenciarios los etarras pueden granjearse sus futuros como miembros individuales y acogerse a los beneficios del sistema a nivel personal, pero ven coartada su labor como organización.

Por otra parte, la izquierda abertzale ha sido consciente de la imposibilidad de continuar su camino nacionalista (abertzale significa en castellano “amante de la patria”) mediante el uso de la violencia y se ha enfocado hacia vías democráticas. Varios han sido los partidos que han surgido en esta línea y que huyen del uso de las armas. En este sentido, personas como Pla o Sorzabal, quienes ya pretendieron encabezar un diálogo en Noruega ante observadores internacionales en busca de la independencia vasca, resultan incómodos. Los, en antaño, grandes miembros de ETA ya no les sirven a los abertzales para representar sus ideales nacionalistas debido a las connotaciones terroristas que sus pasados representan.

Son estos los motivos que han llevado a  la organización a agonizar día y a día y que, en palabras del exministro Rubalcaba: “posee un arsenal que le quema en las manos”, de ahí sus deseos de deshacerse de él y, de paso, ganar algo de “buena publicidad”.

En las localidades como San Sebastián, Irún o Rentería hace tiempo que las sirenas ya no responden a disparos y explosiones. La paz conseguida no es un acto de piedad del verdugo, sino a causa del grito agónico de un monstruo cobarde que agoniza malherido.

IMÁGENES: Portada  Carta

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