Independentismo VS Incompetencia

En el día de ayer, la juez de la Audiencia Nacional, Carmen Lamela, dictaba una orden de detención contra el expresiente de la comunidad de Cataluña, Carles Puigdemont. El 1 del pasado mes de octubre, su gobierno promovió un excéntrico referéndum de independencia que finalizó con la proclamación de la República de Cataluña el pasado 27 de octubre en el Parlamento Catalán, amén de una votación secreta y cobarde tras alentar durante meses a la población afín a luchar públicamente a favor de esta votación.

 

Al parecer, el daño a la Constitución española y a la integridad del territorio español nació en el mes de octubre. Nada más lejos de la realidad. Puigdemont llegó a la presidencia de Cataluña con el partido Convergencia Democrática de Cataluña, reformada en coalición con el nombre de Just per Si, y de la mano de otros partidos favorables a la creación de la república catalana, como la Candidatura de Unidad Popular (CUP) . Desde el principio su discurso y programa electoral contemplaba y se basaba en la creación de la República de Cataluña. Y se consintió.

 

Se alió con aquellos que popularmente los medios llaman “radicales”. Y, sin ambargo, se consintió. Pero no nos engañemos, de radicales nada. Si la CUP está en el Parlamento Catalán es porque se ha presentado a unas elecciones democráticas siguiendo el modelo establecido por el estado y ha sido elegido democráticamente por el pueblo. Sus ideales pueden ser más o menos reformistas, pero su proceso hasta llegar al Parlamento catalán nada tiene de radical. Han conseguido sus escaños mediante unas elecciones libres pasando por los filtros democráticos y legales.

 

Los independentistas han llegado al gobierno catalán por dos razones fundamentales:

 

  • Gran parte del electorado catalán les ha votado.

 

  • Han sido capaces de hacer lo que los constitucionalistas no han hecho: unirse en colación por un fin en común.

 

Todas las encuestas apuntan a que la mayoría de la población catalana está en contra de un proceso de independencia, sin embargo, los que gobiernan se basan en ese anhelo. ¿Cómo es eso posible? Muy sencillo, porque una minoría unida suma más que una mayoría dividida centrada más en repartirse los restos de poder que en unir sus fuerzas para representar conjuntamente al groso de la población que deposita en ellos sus ideales.

 

En marzo de este año se aprobaron los Presupuestos Generales de la Comunidad de Cataluña estableciendo en su Cap.VII art. II : “El Gobierno, dentro de las posibilidades presupuestarias, debe garantizar la dotación económica suficiente para hacer frente a las necesidades y los requerimientos que se deriven de la convocatoria del referéndum sobre el futuro político de Cataluña.” Y nadie dijo nada ni los frenó.

 

Ahora la Audiencia Nacional encarcela a los precursores del proceso independentista acusados de graves cargos como sedición y rebelión entre otros. Pero esos delitos no se han cometido en dos días y sin embargo durante meses e incluso años se ha permitido el desarrollo de tal delito. Políticos encarcelados por llevar a cabo su programa electoral cuando, quizás, lo que se tuvo que frenar en su día es la simple presentación de un programa electoral que va en contra de los principios constitucionales del Estado.

 

Ahora de cada acusado el independentismo creará un mártir, de cada actuación policial contra cualquier manifestación independentista será considerada un acto de represión creando nuevos pilares sobre los que apoyarse aquellos cuyos ideales separatistas difieren del orden constitucional y de la mayoría de catalanes y españoles.

 

Posiblemente consigan su república tan deseada. No ahora en 2017, pero si en algunos años, y no por los méritos del propio independentismo, si no por la torpeza en la gestión de aquellos que representan los ideales constitucionales de una “España unida”. Quizás si se invirtiera el mismo esfuerzo y dinero en mostrar en Cataluña las ventajas que se obtiene al pertenecer a España, que en sancionar y represaliar aquello que durante tantos años se ha consentido, la siguiente generación, ya presente en estos conflictos, se enfrentaría ante una hipotética urna debatiendo si “sí” o “no”, en vez de elegir entre una utopía del todo desaconsejable o pasar por el filtro del brazo duro de la ley, a sabiendas que cualquier elección será perseguida por el acoso del Estado o por el grito de “traidor” nacido de la voz de sus propios paisanos.

Imagen: Portada

Anexos: Auto de detención Puigdemont  Presupuestos Generales Cataluña

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